La gran implosión

Por. Jhon AC

¿Sabes cómo va a acabar todo?, me cuestionó. Justo como empieza, la vida es cíclica, dijo. ¿Cómo en película de Nolan?, pregunté. Se enojó y dio la vuelta, fingiendo dormir. Cerré los ojos.

Al final no estábamos tan errados. Fuimos a clases y en el camino intenté tomarla de la mano. Al principio rehuyó un poco, pero finalmente aceptó. Tomó la mía y me sonrió. Teníamos clase de Cosmogonía, y ella la odiaba con la misma intensidad con la que yo la amaba. El tema a ver ese día era la expansión del universo. Y su implosión.

Se sabe, dijo el Profesor Bradbury, que el universo se está expandiendo. Sin embargo, estudios demuestran también que cada vez lo hace a menor velocidad, por lo que se cree que en algunos millones de años dejará de explotar, para comenzar a atraerse, en lo que han llamado “la gran implosión”: planetas, galaxias, todo es atraído hacia el centro, donde todo comenzó, para unirse, tras lo cual generará, durante otros millones de años, la suficiente energía para explotar nuevamente, otro Big Bang, y así sucesivamente. La vida es cíclica.

Sentí un codazo., volteé y ella me guiñó un ojo

Salimos de clase y yo no me hallaba del mejor humor. ¿Cuál es el sentido de todo esto? Todos los esquemas se repiten, a pequeñas o grandes escalas: nuestros padres estudiaron, trabajaron, nos engendraron y envejecieron, asegurándose de que nosotros estudiáramos, trabajáramos y engendráramos más niños a quienes ceder la batuta. Y el universo hace lo propio. Se concentra, explota, todo sale volando, se genera la vida, y cuando el impulso se acaba la vida desaparece, todo vuelve al origen y regresa para repetir el ciclo hasta el infinito. Debería haber algo más.

Al salir de clases anduvimos hasta casa y discutimos un poco sobre el tema: agujeros negros, espacio/tiempo, la gran implosión. Ella hablaba con entusiasmo, pero no estábamos de acuerdo, como en casi todo: decidí comentar mi escepticismo a que el ciclo universal se repitiera por siempre sin variaciones, sin algo que quiebre en algún punto su mecanismo y origine un cambio de orden, un corte con todo esa monotonía cíclica espacial. Ella aseguró con determinación que ese constante ir y venir cosmogónico no tendría fin. Es como nosotros, dijo, que vamos y venimos, regresamos y terminamos sin fin. Somos pequeñas galaxias víctimas de la atracción, que nos une para luego arrojarnos lejos, y después volver a traernos al mismo punto. La comparación me molestó un poco y decidí permanecer callado; se acercaba la hora de dormir y deseaba descansar. Ella malinterpretó mi silencio y siguió hablando sin parar, sobre nosotros, sobre la poca utilidad de nuestra relación, y finalmente me gritó que no entendía que hacíamos juntos.  Pasaron unos segundos, pareció entender algo y sonrió. Se acostó a mi lado. ¿Sabes cómo va a acabar todo?, me cuestionó. Justo como empieza, la vida es cíclica, dijo. ¿Cómo en película de Nolan?, pregunté. Se enojó y se dio la vuelta, fingiendo dormir. Cerré los ojos.

Al final no estábamos tan errados.

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Lluvia infinita

Por. Jhon AC

efecto-lluvia-en-parabrisas-auto-7223Una noche más. ¿La cuarta? ¿La quinta? No lo recuerdo. Aquí todos los días son iguales, y si comienzas a contarlos nunca terminan. Sabemos que ellos están delante, esperando que cometamos un error. La comida comienza a escasear, igual que los ánimos. Y el sentido: soldados atrincherados en otra guerra sin lógica.

El oscuro cielo se iluminaba esporádicamente por algunas aventuradas explosiones, pero éstas han sido cada vez menos frecuentes: nadie quiere atacar sin saber siquiera a qué distancia está el enemigo.

De pronto, la lluvia. Primero ligera, tanto que parece una ilusión. Después cae con más fuerza, intempestiva, como una señal del cielo, como si dios dijera “Aquí estoy, los miro, y lloro”. Sonreímos, abriendo la boca con timidez, bebiendo el líquido que escurre por nuestro rostro. Y, finalmente, gritamos y reímos abiertamente, con el agua resbalando por las armas. Y en un arrebato, uno de nuestros hombres sale de la trinchera, exponiéndose al enemigo, lanzando un alarido al infinito. Esperamos escuchar en cualquier momento el fuego que le de muerte, pero no llega. Y de pronto la luz, seguida por el sonido de un trueno: ha iniciado una tormenta eléctrica. Observamos que frente a él hay otros hombres, distintos e iguales a nosotros. Todos mirando hacia el cielo, a través de la lluvia, desarmados.