La Ruta de Zapata en Morelos y la memoria local de la Revolución

Por Karla Motte   
@karlamotte

A una distancia aproximada de 70 kilómetros de la Ciudad de México, el estado de Morelos resguarda cuidadosamente una parte de la memoria histórica sobre la Revolución Mexicana, que en su momento involucró a prácticamente todos los habitantes de lo que hoy se conoce como la “Ruta de Zapata”. Anenecuilco, Tlaltizapán, Chinameca y Cuautla son cuatro pueblos emblemáticos de la lucha del Ejército Libertador del Sur, que fue dirigido por el general Emiliano Zapata, el caudillo que en vida luchó por transformar las condiciones de vida de los campesinos morelenses con repercusiones muy hondas en el sentido de la lucha revolucionaria que inició en 1910.

Visitar estos pueblos es muy enriquecedor, pues además de respirar aire puro, permite observar muy de cerca un ejemplo intenso de la construcción de memoria local. Emiliano Zapata es el protagonista del orgullo identitario de los pueblos de esta emblemática ruta; su figura está presente en prácticamente cada rincón, desde los nombres de las calles, negocios, escuelas, avenidas y plazas hasta los testimonios vivos de los habitantes que, gustosos por mostrar al visitante una parte de su memoria, se acercan para contar un sinfín de historias y saberes locales en torno a su gran héroe.

Siguiendo un ejercicio de reconstrucción cronológica, el viaje bien puede iniciar en Anenecuilco, donde nació el caudillo del sur. Avanzando por las pequeñas calles del pueblo, se llega al Museo Casa de Emiliano Zapata que, entre otras cosas, resguarda la casa en la que él nació. La pequeña construcción que ahora consta sólo de algunas paredes en ruinas es la parte primigenia de esta historia, que se ha conservado en la memoria local como el escenario de un evento de predestinación. Se cuenta que al nacer, Emiliano -o “Miliano” como se le conocía de cariño- tenía una marca en el pecho, que era muy similar al escudo prehispánico de los ancestros, y que los ancianos la reconocieron de inmediato; desde ese momento Zapata tendría una labor que cumplir para la comunidad.

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Restos de la casa donde nació Emiliano Zapata.

Antonio Quintero, un joven originario de Anenecuilco que actualmente dedica su tiempo a otorgar información a los visitantes, cuenta también que Zapata se caracterizó desde la infancia por su especial carácter y, ya con mayor edad, por sus habilidades en la charrería y su gusto por las mujeres. Como buen macho “bragao”, se presenta aquí la juventud del general aderezada con virtudes dignas de ser preciadas, como la virilidad, el arrojo, la valentía y un tupido bigote, elementos centrales para un discurso que se ha construido a partir de la apreciación del varón líder, del “macho alfa”. En esta historia, además, está presente el Zapata que rompe las cadenas de la opresión firmando el Plan de Ayala y luchando hasta la muerte por su pueblo. Como un ejemplo de virtud, también se enfatiza que el general otorga enseñanzas para el México de hoy; vale la pena reconocer esta idea en un país tan distante de la época de Zapata pero al mismo tiempo con tantas similitudes.

Un enorme mural recubre un muro exterior de este lugar, en el cual se cuenta gráficamente la trayectoria de vida de Zapata, desde su mítico nacimiento predestinado hasta su asesinato a traición. Dentro del Museo pueden apreciarse diversos objetos que pertenecieron al general, algunos de ellos donados por la comunidad. Este recinto fue remodelado en 2010, cuando todo parecía girar en torno al Centenario y Bicentenario; ahora nuevamente se encuentra en proceso de remodelación, por lo que una nueva museografía y un nuevo techado de la pequeña casa del general están en proceso de construcción.

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También en Anenecuilco está el panteón en el que yacen los restos de Eufemio Zapata, hermano de “Miliano”, justo a la entrada de la parroquia local y alrededor de otras tumbas en las que se lee en repetidas ocasiones el apellido “Zapata”. Dice Antonio que en la comunidad todavía viven muchos parientes y descendientes directos del general, que en vida tuvo al menos 17 hijos con sus tres esposas y demás mujeres que –se dice- tuvieron la fortuna de engendran a la misma sangre del general. Después de visitar el panteón local de Ananecuilco, la siguiente parada de la ruta de Zapata es Tlaltizapán, en donde el Ejército Libertador del Sur instaló el cuartel general zapatista.

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La tumba de Eufemio Zapata.

Al llegar al Museo de la Revolución del Sur en Tlaltizapán, se observa una gran placa a la entrada que indica que Gustavo Díaz Ordaz inauguró el recinto. Quien probablemente es actualmente el ex presidente más vilipendiado de nuestro país, decidió acentuar la memoria del zapatismo como parte de la historia nacional, quizá como una estrategia discursiva ante un ejercicio político de tintes autoritarios.

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Doña Diega López, cronista y guía de Tlaltizapán.

La cronista de Tlaltizapán y guía del Museo es doña Diega López, quien cuenta que las tropas zapatistas ubicaron ahí su cuartel general para dirigir las operaciones del Ejército Libertador del Sur, primero en su lucha contra el gobierno porfirista y luego tras la caída del presidente Madero, en contra del huertismo.

En 1916, tras la ruptura de los zapatistas con las otras divisiones por haber traicionado los principios revolucionarios, los constitucionalistas bajo el mando del Primer Jefe, Venustiano Carranza, destrozaron el cuartel en un intento por acabar con el zapatismo. Según cuenta doña Diega, este episodio continúa muy presente en la memoria local y se recuerda como un funesto momento para todo el pueblo, pues cientos de personas fueron asesinadas, aunque no lograron atrapar al general Zapata. Doña Diega, además, pone énfasis en la situación de las mujeres, que sufrieron ultrajes y pérdidas pero también lucharon decididamente por defender su tierra y a sus familias. La visión de una mujer cronista contando el pasado, definitivamente enriquece la perspectiva histórica, pues en la mayoría de los relatos suele despreciarse e invisibilizarse sistemáticamente la participación de las mujeres. Aun así, con más de 80 años de edad y una vida dedicada a ello, doña Diega nos cuenta que ha recuperado muchas historias de las mujeres de la comunidad, a quienes les tocó vivir la época de la Revolución y mostraron ser igual de valientes que sus compañeros masculinos.

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Lugar del asesinato de Zapata en Chinameca.

El tercer lugar del camino es Chinameca, donde el general Zapata fue asesinado a traición por el general Guajardo quien, por orden del presidente Venustiano Carranza, ofreció mezcal, un caballo y una apetitosa comida a los zapatistas para dar fin con la vida del caudillo del sur. A pesar de que los soldados de Zapata intentaron persuadir a su general para que no asistiera, se dice que Emiliano Zapata cayó en la trampa y fue emboscado a la entrada de una de las haciendas cañeras más grandes de la localidad. Los balazos continúan como vestigio de aquella funesta tarde del 10 de abril de 1919, en un arco que permanece incólume, bajo del cual fue colocada una majestuosa escultura dorada que representa al general Zapata montando su más querido caballo, que igual que él, murió en el acto.

A la sombra de este arco, el señor Andrés Trujillo dedica sus días a modelar figuras de Emiliano Zapata con papel maché, mientras les cuenta historias a los curiosos que se acercan a esta ex hacienda, que desde 2010 fue inaugurada como el Museo del Agrarismo. Como bien cuenta don Andrés, este museo no es ni la sombra de lo que era antes, pues en su proceso de remodelación con motivo del Centenario y el Bicentenario, los objetos y pinturas que se exhibían ahí fueron guardados en una bodega en la que se filtraba el agua. Desafortunadamente, en un caso más de negligencia, todo ese acervo se perdió por lo que el actual museo es un elefante blanco con blancas paredes prácticamente vacías.

Por eso escuchar a don Andrés es más interesante que el museo, pues él cuenta que desde niño algo le decía que su deber era escuchar a los mayores hablar sobre el asesinato de Zapata, porque de eso viviría de viejo y así prevalecería esta historia. Entonces, cuenta que las tropas zapatistas permanecieron en la piedra encimada, ubicada en la parte alta del pequeño cerro que está frente a la ex hacienda, mientras observaban de lejos el asesinato a traición de su general. Don Andrés muestra los lugares exactos en los que impactaron las balas y narra también con lujo de detalles cómo cayó Zapata junto con su caballo. Para terminar, dice que antes tenía una guitarra, pero un día se quedó dormido y se la robaron por lo que ahora tiene que cantar los corridos zapatistas que él mismo compuso a capela. Escucharlo cantar es un placer.

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Don Andrés Trujillo.

El último punto en la ruta es Cuautla, donde se puede comer muy rico y finalmente visitar el monumental mausoleo donde actualmente está enterrado Emiliano Zapata, en un enorme espacio con una gran escultura ubicada justo frente al modesto panteón local.

Una ruta ampliamente recomendable, no sólo para conocer más sobre una de las más importantes figuras históricas de México, sino también para ver de cerca un notable ejemplo de construcción de la memoria local, con sus tintes míticos y legendarios.

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